


Dalí no solo pintaba; él diseñaba la conversación, convertía cada obra y cada aparición en un fenómeno cultural.
Sabía que la genialidad no bastaba: había que ser un maestro para visibilizar esa genialidad. Sus proyectos no buscaban un simple aplauso, buscaban impacto real, un debate encendido y, sobre todo, la permanencia en la mente del público.
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Nuestra filosofía es un tributo a la maestría de un genio que comprendió el poder del impacto y de la visibilidad

